Otra vez
el mismo clásico, la misma indumentaria.
Estaba harto de estar sujeto y afierrado a una posición. Detestaba, además, el esquema fijo que lo
sometía siempre a la estructura original.
Los que variaban indefectiblemente, eran los resultados. Lógico,
dependían de las habilidades de quienes los conducían. El sonido hueco y metálico
de los goles continuaría hasta que el balón cumpliera sus ciclos de
reposiciones. En tanto el jugador permanecería, clásico tras clásico, manteniendo
su posición…
Peregrino
