Cuentos de Peregrino

Un lugar de encuentro con los sueños y las fantasías...

sábado, 11 de abril de 2015

Rutinas



Sus primeros dos pasos fueron cansinos, luego, los ritos la acomodaron en la velocidad y frecuencia adecuadas: Encendió la hornalla, puso la pava, llenó el mate, desplazó la ubicación de la servilleta que estaba corrida de lugar, abrió la ducha y, mientras esperaba la salida del agua caliente; cepilló sus dientes.
No hacía falta un orden, éste estaba establecido. Siempre había sido así y debería continuar siéndolo. Tomó la lista hecha el día anterior donde había diseñado cuidadosamente el orden de prioridades de las tareas que debería realizar antes de llegar a la oficina, durante el receso del almuerzo y al volver por la tarde.
Cebó su primer mate, encendió el televisor, para acompañar esos minutos en soledad, antes de la salida rauda al vértigo externo.
De pronto un anuncio llamó su atención “Científicos de la Nasa confirmaban que en pocas horas más el asteroide 2012 DA14 impactaría contra la tierra con efectos devastadores…” Decían no poder calcular exactamente el lugar del impacto ni sus consecuencias, pero que, en minutos más; el presidente de los EE UU dirigiría un mensaje a la población…
Repasó brevemente su lista diaria de actividades. Por un instante, pensó en que todo había dejado de tener sentido… Volvió a tomar el papel y, repasándolo, se dio cuenta que era tiempo, que si no salía inmediatamente no llegaría a cumplir con la rutina, que lo planeado no admitía dilaciones…




                                                                Peregrino

martes, 31 de marzo de 2015

Malevo




Fue instantáneo, una reacción instintiva lo llevó a desenvainar el facón que llevaba en la espalda. El aire crujió partido por el filo de ese metal, luego se tiño de carmesí en las profundidades de las tripas del osado que  se había atrevido a rozar a su rubia…
Quedó allí, tirado en el centro del patio del conventillo donde se había armado la bailanta, nadie se atrevió siquiera a tocarlo.  Un fuerte silencio había congelado la escena, en tanto, Malevo controlaba el entorno con su mirada…
Quitó su pañuelo, limpió el facón, enfundó y se retiró en silencio. Caminó por el empedrado humedecido por el sereno de una noche que ya se despedía.  Rumiaba su bronca por ese atrevido ¡Ya nadie se atrevería a tocar a su mina!
Él se sabía macho, de esos que saben llevar su hombría y defenderla. Un Malevo de ley a quien no lo inmutaban este tipo de hechos.
De pronto, lo inesperado, lo que nunca le había sucedido: algo que cruzaba la calle pasó por sobre su zapato.  Sintió que el corazón le explotaba. Intentó, inútilmente,  secar la fría transpiración de su rostro con el pañuelo que, luego recordó, había tirado…   Enderezó el rumbo y caminó rápidamente tratando de disimular el temblor de sus piernas, esas, que solo flaqueaban ante un roedor…


                                                                    Peregrino

miércoles, 11 de febrero de 2015

Fiesta:


La consigna de la convocatoria había sido clara. Él aseguraba, inútilmente, haberla cumplido. Su persistencia no logró quebrar la resistencia a creer que había asistido disfrazado como el hombre invisible…


                                                           Peregrino

domingo, 8 de febrero de 2015

Tatuajes




Reconocido y admirado por la fidelidad de sus trabajos, comenzó a alarmarse cuando se enteró que el marinero al que le había tatuado la soga en el cuello murió ahorcado… Poco tiempo después falleció, picado por un alacrán, otro cliente al que le había realizado la imagen… 
No esperó el tercer caso, inmediatamente modificó el suyo y la daga sobre su brazo se transformó en un inofensivo faro marino…
Temeroso, redujo la calidad de sus imágenes y comenzó a perder clientes. En tanto, el faro se desdibujaba y volvía a aparecer, cada vez con más fuerza, la imagen de una daga poderosa; amenazante…  
Una y otra vez tomaba sus instrumentos y volvía a trabajar la figura  hasta lastimarse.  Muy a su pesar, la imagen original volvía a la superficie cada vez con más fuerza.   Tomó, entonces, la decisión fatal, iría a fondo;  levantaría toda la piel hasta que no quedaran rastros de la maldita tinta…
Sumergido en un profundo sopor y, rodeado de un charco escarlata, admira el logro. Su brazo estaba  libre, la filosa daga ya no aparecía sobre su piel;  ahora estaba  en sus manos cubierta de una tinta,  con un extraño tinte rojizo…


                                                                                               Peregrino

miércoles, 4 de febrero de 2015

Imponderables




Se juraron pasión eterna  convencidos que ninguna circunstancia podría afectar su relación.  Presurosos buscaron un candado grande, así como el tamaño de su cariño y corrieron a colocarlo en el puente del amor, seguros que su fortaleza y permanencia les garantizaba la eternidad.
Tiempo después, la relación atravesaba una profunda crisis. Decididos fueron con sus llaves a recuperar el candado y desandar el camino…
Intentaron una y otra vez y tantas otras fracasaron. Quizás la humedad, la corrosión, el paso del tiempo, las llaves dañadas…   No lo sabían, pero tenían la certeza de que este imponderable les impediría concluir lo que parecía tener destino final.
Se alejaron caminando lentamente, cabizbajos, tomados de las manos… No les quedaba opción, el candado continuaba más firme que nunca… 


                                                                              Peregrino

sábado, 24 de enero de 2015

Corduras…



Gris, solitario, frío, húmedo, oscuro... Podría seguir asignándole calificativos y, aun así, no sería posible describir  la situación de desamparo e indiferencia de aquel instituto.
Nos traían sus pies y con ellos venía su alma.  ¿Cómo había llegado a establecerse el vínculo? No lo sé.
No se les permitía ser atendido por el mismo profesional, pero él lo lograba, no sé  cómo pero   sorteaba la restricción una y otra vez. Y… allí estaba, frente a mí…
No me hacía bien, tampoco se lo haría a el.  Pero como hacérselo entender, como no agudizar aún más ese débil equilibrio que, fugazmente,  lo mantenía entre los cuerdos.
Fue durante una de esas intermitencias, creo, que comenzó a confesarme que había sido muy afortunado hasta que tuvo esa desgracia.  Hasta que esos seres maravillosos lo transportaron a Chernobyl…
Lo contaba tan convencido que me hacía pensar seriamente de donde podría haber obtenido tanta información como para  un relato tan detallado y preciso…
¿Por qué tendría que quedarme con la duda? ¡En esta época donde nadie es anónimo! Me bastó con hurgar algunos datos de su ficha personal y luego navegar un poco…
No dejaba de cuestionarme ¿qué era lo que estaba haciendo?  ¡Era un paciente! ¡No era ético…! Me lo seguía repitiendo una y mil veces y otras tantas  la curiosidad me continuaba venciendo… Así pude saber que había sido un martillero reconocido en la zona sur del Gran Buenos Aires, con una esposa docente, sí esa que lo visitaba cada fin de semana, y un pequeño varón de seis años…
Ahora era yo quien lo buscaba y preguntaba:
-¿Y como fue el viaje? ¿Qué viste en Chernobyl?
Y me seguía respondiendo como si estuviera volviendo a vivir la situación. Con una precisión y exactitud sorprendentes me describía el terreno arrasado, los habitantes quemados por la radiación, el agonizante lamento de los moribundos; los árboles rojos…
-Solo me preocupa seguir aquí, solía decirme, porque sé que vendrán por mí, ellos me lo aseguraron…
Al cuestionarme lo que estaba haciendo me preguntaba cual era la línea que separaba la cordura de la locura. Era difícil poder creer que alguien en  pleno uso de razón pudiera  mantener a esta gente en las condiciones en las que se encontraban…
Recordaba lo que  solía preguntarse un exitoso monologuista  contemporáneo respecto de cuales eran malas palabras: Si boludo o puto, o miseria o hambre… 
Ya había comenzado a pasar la semana esperando la llegada del sábado por la mañana para encontrarlo  Inconscientemente, quizá, buscaba en la razón de sus argumentaciones la cordura que le permitiera recuperar su vida, esa que desesperadamente esperaba encontrar su pareja en la visita de cada fin de semana.
No fue necesario levantar la vista para saber que hoy no estaba aquí…  Tuve otros píes y mucha angustia.  Evité preguntar, no fue necesario, los comentarios no se hicieron esperar.  Para algunos había desaparecido, para otros se había escapado.  Para mí, simplemente, había viajado...


                                                                                    Peregrino




domingo, 11 de enero de 2015

Disfraces



Encorsetada en su ambo gris o negro y, desde detrás de esos falsos lentes que reforzaban su personalidad pacata, se esforzaba por cumplir con su rol de “secretaria ejecutiva”.
Un ingreso por demás atractivo y la confortable posición social eran las  condiciones que la mantenían sujeta a ese perfil que cada día la asfixiaba más.
Fue mediante una publicación y, posteriormente, una vinculación virtual, de esas que lo resuelven todo; que comenzó a encontrar el escape que precisaba. Esa bocanada de aire fresco que le permitiera retomar cada semana con la esperanza de que, hacia el final, podría romper toda la monotonía.
Así, cada sábado o domingo se enfundaba nuevamente en un traje negro, pero esta vez de un ajustado lycra.  Reemplazaba sus gruesos lentes por el antifaz y pasaba a ser la mujer fatal. La “Gatubela” que siempre había admirado.
El Cosplay no solo la había liberado, le había permitido identificarse con un personaje que sentía como propio al punto de llevarla a dudar de en cuál de los roles vestía un disfraz…



                                                                     Peregrino 
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