Cuentos de Peregrino

Un lugar de encuentro con los sueños y las fantasías...

domingo, 22 de mayo de 2016

Las Minas



Por aquellos tiempos las barras del barrio eran un mosaico de nacionalidades, en la nuestra, tal como en el resto; no faltaban “el tano”, “el gallego” y “el ruso”.  En este caso yo era el nativo.  Simplemente me conocían por el apodo “Zoquete” (por lo cortito).
La principal diversión era el fútbol de potrero.  Con algo de esfuerzo habíamos logrado comprar unas remeras a las que le hicimos coser unas cintas azules (nunca falta una abuela costurera) y hasta le pusimos nombre al equipo “C.A.D.A”. Club atlético Deportivo Argentino.  Porque si teníamos un equipo de fútbol también teníamos un club ¿o no?
Casi pisando la adolescencia las actividades empezaron a cambiar.  Las hormonas nos acosaban y, realmente, no nos dejaban descansar en paz.  Habíamos comenzado a salir por las noches, y si bien nos alentábamos mutuamente, no lográbamos concretar nada.   Quizá nos veían muy chicos, ¡a pesar que ya nos afeitábamos casi una vez por semana!
La solución pareció aparecer a través de Armando (el ruso).  El había empezado a trabajar en el taller del hermano en Pompeya y, según nos confió secretamente, había conocido a una chica que conocía a otras chicas, y que parecía que eran medio “combatientes” y que si podía nos iba a ayudar arreglando una salida.  Imagínense, nos empezamos a hacer la película y como éramos cuatro, los delirios iban creciendo en espiral.  Es que la imaginación daba para cualquier cosa y el que tenía la mejor creación era el más “piola” porque esos delirios entre nosotros no eran más que realidades posibles no tan difíciles de concretar.
No recuerdo exactamente cuando nos dijo que lo había logrado.  Lo que sí se es que nos lo comentó un domingo y el encuentro sería el sábado de la próxima semana.  Fue a Enrique (el tano) a quien se le ocurrió que teníamos que llevar profilácticos ¡como es que ninguno de los otros se había dado cuenta…! Había que ir preparados.  Claro, ahora el tema era quien los iba a comprar y donde… Por suerte Jito (el gallego), dijo saber que en el kiosco del viejo “olorapatas” (sí, lástima que por este medio no puedo hacerles llegar el aroma para que lo experimenten) pero el negocio tenía el apodo bien ganado.
Ubicado el lugar faltaba el candidato: ¿quién los compraría?  Nadie quería hacerse cargo y, por supuesto, cuando nadie quiere todos van… Así que así cumplimos nuestra primera experiencia comercial casi sexual.  Todavía tengo en mi mente la imagen sorprendida del anciano y también la forma en que se estiraba sobre el armario para agarrar la caja, que por supuesto no estaba en exhibición.
Con las mejores ropas, bañados, perfumados y “equipados” emprendimos la travesía.  Sí, bien digo, la travesía porque hacer ese viaje en los desvencijados micros de la “verde” rebotando por las calles adoquinadas era eso.  No obstante, el entusiasmo podía más, y no dejábamos de delirar imaginando lo bien que nos podría ir.
Bajamos después del puente de Pompeya, casi frente al restaurant “La blanqueda” donde almorzaba Armando.
-Es aquí cerca, quedamos en encontrarnos en la otra esquina.
Y allí fuimos acelerando los pasos y agudizando la vista.  Cuando llegamos a la esquina el ruso nos dijo que era allí y sacó un lápiz de su bolsillo, lo quebró en cuatro partes y nos dijo.
-Tomen muchachos: una mina para cada uno…
Creo que las puteadas estuvieron en la punta de nuestras lenguas, pero; creo también que el ingenio de este atorrante nos había sorprendido tanto que, recordando inmediatamente que solíamos gastarnos bromas, reconocimos que nos había superado a todos…..


                                                                                               Peregrino

sábado, 7 de mayo de 2016

Hormiga Negra



Siempre los apodos representan algún aspecto de las personas “agraciadas” que las caracteriza. En este caso lo de hormiga venía por lo pequeño, laborioso (y no sólo restringido al ámbito laboral, sino también en el aspecto constante; de empeño, insistencia, un “denso” en el vocabulario habitual), por último su tez morocha y ojos negros terminaban de completar las atribuciones del mote.
El otro (en este caso LA otra) personaje de esta historia era “La Negra”.  También podrían haberle puesto “la bomba”, porque no solo era lo más atractivo conocido hasta el momento en la oficina, sino que; además, era sumamente explosiva.  Tenía tan buena figura como mal carácter, así había logrado generar distancia y respeto entre quienes se veían atraídos por su belleza. 
De cuerpo perfecto, de esos cuyos atributos posteriores impiden que los hombres dejen de mirarlo hasta que desaparece en el horizonte. Con un cabello negro azabache hasta la cintura y un flequillo que le cubría los ojos a, punto tal que uno no se explicaba como lograba ver a través de él. El zezeo al hablar y un sensualidad afinada  provocaban el combo irresistible para los hombres: era a la vez una bebota y un “minón”.  Sus explosiones de ira no eran habituales, pero eran precisas y efectivas.  Tenía la palabra justa en el momento exacto y sabía cómo lastimar, si tenía que hacerlo.
Todo transcurría normalmente hasta que la Negra fue transferida a Contaduría General, sí allí en el mismo sector en el que trabajaba la hormiga…
Al principio la hormiga (Héctor), pareció tomar distancia y respetar los antecedentes que bien se había ganado su compañera.  Todo transcurrió normalmente hasta que llegó el primer cierre del mes, ese día todo el mundo cola en silla y nadie se mueve hasta que el balance queda terminado…Solían ser largas noches con prolongados momentos de espera que hasta ahora habían sido matizados por las ocurrencias de Héctor y su incansable vocabulario inagotable, pero ahora estaba la negra (Elda) y a Héctor no se le ocurrió mejor idea que comenzar a distraerla con sus chascarrillos… Al principio se limito a girar su cabeza. A  distancia, parecía que le hundía sus ojos en la frente aunque solo lograra mostrarle el flequillo que los cubría. Luego; raro en ella, comenzó a advertirle que parara que no estaba dispuesta a seguir tolerando sus humoradas. Pero, por algo la hormiga se había ganado su apodo, siguió y siguió hasta que Elda se levantó y se paró frente a su escritorio.  Apoyando sus dos manos sobre el borde comenzó a despachar todo su poder verborrágico sobre el pequeño.  Héctor parecía fundirse en su sillón y procuraba tomar distancia empujándolo hacia atrás sin darse cuenta que el vidrio de la oficina del Gerente se lo impedía.   Sus ojos pestañeaban al compás de un S.O.S. o por lo menos esa era la sensación que transmitía.  Un sórdido “ayúdenme” llegaba a las mentes de quienes lo rodeábamos algunos dispuestos a hacer nada  y otros pensando que debía hacerse cargo de la tragedia que había provocado…
Ante un discurso inigualable, que subía de tono y tendía a ponerse exasperante; la hormiga estaba quedando reducida a la nada casi completamente hundido en su sillón, mientras la negra motivada comenzaba a lucir un color casi rojizo morado en su rostro…hasta que del ingenio del personaje surgió la famosa frase:
-Perdón…, de coger ni hablar ¿no…?
Fue como si un formula uno viniera a doscientos kilómetros por hora y de pronto se detuviera.  Sacudida por el ingenio del morocho, la negra solo optó por darse vuelta y retirarse regalándonos en su ida el mejor paisaje, el silencio pacificador y cómplice del triunfo del más débil y una de las mejores anécdotas de trabajo…


                                                                                         Peregrino
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